Consejos para la limpieza de suelos antideslizantes para zonas con riesgo de caídas medio o alto

Suelos de seguridad Altro - Limpieza

La limpieza correcta y meticulosa es una parte esencial del mantenimiento de un suelo para asegurarse de que conserva sus propiedades antideslizantes y de fácil limpieza durante toda su vida útil. Contar con un entorno limpio e higiénico es importante, pero realizar una limpieza eficaz tiene un papel fundamental a la hora de asegurarse de que tu suelo  sigue ofreciendo los resultados esperados.

El perfil de superficie de un suelo antideslizante fomenta que los pies y el suelo puedan conectar incluso cuando la superficie contenga contaminantes. Si se mantiene limpia, las partículas antideslizantes de la superficie tienen el tamaño y el número suficientes para abrirse camino entre los contaminantes, reduciendo el riesgo de caída a uno entre un millón.  Si se llevan a cabo procedimientos de limpieza inadecuados, puede acumularse en la superficie del suelo un volumen peligroso de suciedad y contaminantes, incrementando así la probabilidad de riesgo de caída hasta niveles tan altos como a uno de cada dos.

Admitámoslo, nadie se limitaría a enjuagar un plato sucio y luego ponerlo en el armario… La buena noticia es que, al igual que ocurre cuando lavamos los platos, la limpieza eficaz de un suelo es un proceso sencillo. Hemos creado una serie de consejos útiles que te ayudarán a establecer tu propio régimen de limpieza, o que te permitirán orientar a tus clientes para que puedan conservar su suelo tan seguro y vistoso como el día en que se instaló.

También puedes descargar guías detalladas de limpieza mecánica, manual y al vapor.

Suelos antideslizantes Altro-Guía de Limpieza-manual Suelos antideslizantes Altro-Guía de Limpieza-a Máquina Suelos antideslizantes Altro-Guía de Limpieza-a vapor

Estas directrices se han desarrollado en colaboración con Delia Cannings, Consejera de Educación y Formación de Environmental Excellence Training & Development Ltd.

Céntrate en los desechos de tu suelo

Limpiar es mucho más fácil y eficaz si identificas el tipo de suciedad presente en el suelo y eliges el equipamiento y el detergente adecuados para librarte de ella.

Siendo realistas, la suciedad a la que te enfrentas será una mezcla de distintas cosas. La siguiente guía te ayudará a identificar el origen de la suciedad para que puedas decidir cuál es la mejor forma de enfrentarte a ella.

El material o materia puede ser orgánico o inorgánico, según su composición:

Orgánico: Existen tres tipos de suciedad orgánica:

  • Material vivo, como las bacterias, los virus, los hongos y los protozoos (animales minúsculos). Sería la más común en cocinas y cafeterías en las que hay desechos de comida, o en baños, vestuarios y salas de hospital en donde hay desechos humanos como piel, grasa corporal, heces y sangre.
  • Material cuyo origen procede de un ser vivo que incluye comida, serrín y virutas de goma. Esta suciedad puede encontrarse allá donde se produce o consume comida. Las fábricas también son un buen ejemplo.
  • Material creado por el hombre, incluidos trozos de plástico, aceite mineral, pinturas y pegamentos. Esta suciedad es habitual en aquellos lugares en los que se fabrican productos de cualquier tipo, además de en cualquier lugar en el que se lleven a cabo labores de decoración o reparación.

Es importante saber si la suciedad tiene un origen orgánico ya que, de ser así, constituye el campo de cultivo ideal para las bacterias y requerirá de desinfección o limpieza a vapor.

Inorgánico: Suciedad cuyo origen procede de material que no ha formado parte de un ser vivo y, por tanto, no contiene carbono. Dentro de este tipo están el vidrio, la sal, el óxido y el polvo de ladrillo.

Sea orgánica o inorgánica, la suciedad se comporta de una forma concreta cuando intentas limpiarla:

Soluble: Suciedad que se disuelve en el agua, como el azúcar, la sal y el detergente en polvo. Al ser soluble, suele ser sencilla de eliminar. Habitual en aquellas zonas en las que se vende, prepara o consume comida.

No soluble: El tipo de suciedad que es más probable que te encuentres; no se disolverá en el agua, por lo que hace falta detergente para eliminarla. Ejemplos de este tipo de suciedad: aceite y piel, que se encuentran en multitud de ambientes.

Otros ejemplos son trozos de plástico, virutas de madera, vidrio e hilo, si bien estos se eliminarán en el primer paso de limpieza, al barrer o pasar la aspiradora.

La suciedad no soluble puede ser aceitosa o presentarse en partículas:

Aceitosa: Suciedad que se fija en las superficies y mancha al tocarla. Ejemplos de este tipo de suciedad son el lubricante, la grasa y el aceite. Presencia probable en cualquier lugar en el que haya comida pero, dado que los vehículos dejan tras de sí lubricante y aceite, suele transportarse en las suelas de los zapatos a zonas comunes.

En partículas: Suciedad en polvo. Ejemplos de este tipo son la tierra, la piel, detergente en polvo y fibras rotas, por lo que puede encontrarse en una amplia gama de ambientes distintos.

Es muy probable que encuentres suciedad aceitosa y en partículas juntas, ya que la suciedad en polvo se fija a cualquier aceite con el que entre en contacto.

Abrasiva: Suciedad que puede arañar una superficie, como por ejemplo, el vidrio.

Difícil/ pegajosa: Suciedad que puede adherirse a una superficie, como por ejemplo, el sirope, la cera o el pegamento.

Por eso, los materiales pertenecerán a más de una de estas categorías ya que una de ellas es el origen del material, y la otra, cómo se comporta: La sal caída de un contenedor es una partícula de suciedad inorgánica que puede barrerse o aspirarse. La sal caída sobre una superficie húmeda constituye suciedad inorgánica soluble que puede lavarse.

Kit correcto

Emplear el equipo adecuado y seguir los pasos correctos te ayudará a asegurarte de que realizas una limpieza eficaz y reducirá el tiempo invertido.

Elegir el kit adecuado no tiene que ver únicamente con el tamaño y el tipo de habitación en la que te encuentras, también hay que elegir el equipo adecuado dependiendo de la suciedad que quieres eliminar.

Para proteger tu equipo y asegurarte de que no transmites suciedad o bacterias al suelo que estás limpiando es vital que limpies tu equipo antes de cada uso. Este paso debe formar parte del régimen global de limpieza.

Los siguientes métodos de limpieza fomentarán una limpieza correcta y un mantenimiento adecuado de tu suelo, siempre que se sigan las guías visuales (descargables más arriba).

Antes de seleccionar tu método de limpieza, el primer paso de cualquier régimen eficaz es barrer o aspirar cualquier partícula y/ o suciedad abrasiva.

Limpieza manual: Utilización de mopa, cubo y/ o cepillo para suelos. Más eficaz para suciedad generada de un día para otro y en aquellos casos en los que sea necesario limpiar la zona de forma inmediata, como por ejemplo, cuando se derrama un producto en un supermercado.

Para lograr una limpieza correcta y eficaz con otros tipos de suciedad, especialmente la difícil/ pegajosa o aceitosa, el fregado solo no es suficiente; también es importante emplear un cepillo de suelo

Limpieza mecánicaUso de máquina limpiadora. Dado que la máquina friega el suelo de forma uniforme y aplicando presión, limpia muy bien la suciedad difícil y aceitosa. Si el espacio y la disponibilidad lo permiten, la limpieza mecánica es preferible a la manual ya que ayuda a reducir el tiempo necesario para llevarla a cabo.

Limpieza al vapor: Uso de vaporeta. Muy eficaz a la hora de limpiar suciedad orgánica ya que la temperatura del vapor ayuda a eliminar la mayoría de bacterias. Ideal para aquellas zonas en las que la higiene es importante como salas de hospital, baños y cocinas.

Todos los métodos son eficaces cuando se trata de limpiar suciedad soluble y no soluble. La elección dependerá más de si la suciedad es difícil/ pegajosa o aceitosa, y si la higiene tiene una importancia primordial en la zona que se está limpiando como, por ejemplo, un quirófano.

 

Producto y potencia adecuados

Elegir el detergente adecuado para la suciedad que quieres eliminar es la única forma de limpiar de forma eficaz.

También es importante diluir según las indicaciones del fabricante. Usar muy poco detergente implica realizar una limpieza menos eficaz. Usar demasiado puede dejar una película en el suelo que reduce su resistencia al deslizamiento y atrae contaminantes, fomentando el crecimiento bacteriano. También es motivo habitual de suciedad/ decoloración y problemas asociados con daños provocados por químicos, como la compresión.

Las propiedades del detergente levantan y se agarran a la suciedad de forma que no se redistribuya durante el limpiado. Es importante dejar detergente en el suelo, según las indicaciones del fabricante, para darle tiempo a que tenga este efecto. Lo que diferencia un detergente de otro es su acidez o alcalinidad. Esta propiedad se mide usando la escala del PH, que va del PH0 (el más ácido) al PH14 (el más alcalino).

Alcalino: Un detergente con más de un PH9.5 disuelve la grasa y emulsiona la suciedad. Por ello, un detergente alcalino como el AltroClean 44 es la opción perfecta para suciedad aceitosa y orgánica. Cuanto más alcalino sea el detergente, más eficaz será eliminando el aceite, aunque también se vuelve más corrosivo, lo que puede dañar la pintura. Por ello, es muy importante realizar un enjuagado correcto.

Ácido: Un detergente con menos de un PH5 es ácido y una buena opción para suciedad inorgánica como la cal.

Neutro: Los detergentes neutros (PH7) son menos agresivos y contienen menos químicos, lo que los hace más fáciles de usar, teniendo menor impacto medioambiental.

Los detergentes neutros son eficaces para niveles habituales de contaminación y una amplia gama de superficies, aunque no funcionan bien con suciedad persistente. Tampoco son eficaces con polvo y grasa aceitosos, con los que son más aconsejables los detergentes alcalinos.

Combinación de detergentes/ limpiadores desinfectantes: Al limpiar suciedad orgánica como comida o residuos humanos, se reduce el crecimiento bacteriano, algo importante a la hora de mantener los niveles de higiene.